EL RETO DE LA SUSTENTABILIDAD DENTRO DE LA CULTURA DE CONSUMO

Por: Miguel Angel González R.

Intentemos definir de qué modo se establecen las relaciones entre cultura y sustentabilidad ecológica. En el libro «Desarrollo sustentable, la salida de América Latina», escrito por Arnoldo José Gabaldón, hijo de un gran venezolano que siempre vio con preocupación las erráticas políticas de los diferentes gobiernos en torno al desarrollo sustentable, Arnoldo Gabaldón Creador de Malariología y otrora Ministro de Salud. El autor dice:

«La sustentabilidad no se puede interpretar como simplemente referida al manejo racional del ambiente, sino que se debe aludir a un proceso de desenvolvimiento social basado en la interacción constructiva y sinérgica de las dimensiones: ambiental, económica, productiva, socio-cultural y política».

Podemos inferir que la sustentabilidad va más allá de una simple condición racional del hombre y del entendimiento de como sus acciones producen determinadas consecuencias en su entorno o ambiente. La relación que el hombre ha sostenido con el medio ambiente, ha sido de usufructo, desde épocas ancestrales. Ha hecho uso y aprovechamiento para su beneficio y el de su entorno social. Esa interrelación es la base del desarrollo de los aspectos socio-culturales que han ido formando la sociedad actual.
Para comprender mejor en qué forma se produce esta relación entre cultura y sustentabilidad, debemos analizar esquemáticamente las tres formas básicas en que el ser humano interactúa con su entorno:
1. Uso de los recursos naturales
El ser humano hace uso de los recursos naturales en una medida determinada que establece su relación con el entorno, tanto en un contexto social como productivo. El uso de los recursos como bienes de servicio en su estado natural se refiere a: algunos alimentos, el agua, los suelos o lo obtenido a través del proceso productivo o industrial (de tipo elaborado).
2. Cambios en el uso de suelo
La ocupación del espacio geográfico para localizar actividades sociales y productivas.
3. Liberación de desechos
Son producto de actividades sociales y procesos productivos, pueden ser sólidos, líquidos o gaseosos. Los desperdicios afectan suelos, atmósfera y agua.
El resultado de todas estas actividades e interacciones con el medio ambiente, puede afectar positiva o negativamente a la naturaleza. El que se alcance una u otra posibilidad dependerá en gran medida de factores culturales, estilos de desarrollo que involucran:
- El consumo y la generación de servicios
- La naturaleza de las actividades productivas que se realizan
- Las características de los asentamientos humanos y viviendas
- Los sistemas de generación de energía
- Los medios de transporte y comunicación
- Tecnologías utilizadas: algo muy ligado al desarrollo y la modernidad, pero no necesariamente amigables con el medio ambiente.
- Valoración de la naturaleza: aquellas sociedades que valoran la naturaleza bien sea por posiciones éticas específicas, principios religiosos, educación recibida, entre otros, tienen más posibilidades de relacionarse mejor con el medio ambiente. Las que no, definitivamente generaran resultados nefastos.
Evidentemente existe una completa relación entre cultura y sustentabilidad ecológica. Si en una sociedad prevalecen rasgos culturales inclinados a la conservación de la naturaleza, estará más próxima la posibilidad de lograr la referida sustentabilidad.
Pero, ¿qué es cultura? ¿Y qué es la cultura de consumo? Desafortunadamente, nuestra sociedad occidental parece estar orientada hacia unos valores y principios contrarios a la generación de sustentabilidad. La cultura es una palabra difícil de definir, son muchos los significados que se le asignan, sin embargo, podemos decir que la cultura es un proceso de desarrollo intelectual, espiritual, estético que define el modo de vida de una sociedad. Si nos detenemos en nuestra sociedad actual, específicamente la latinoamericana, podemos observar con preocupación que tenemos demasiadas deficiencias culturales, en lo relacionado a la sustentabilidad ecológica. La cultura se relaciona con la educación y nuestros sistemas educativos presentan grandes fallas; ni hablar de los aspectos relacionados a los valores. Pareciera entonces que estamos en graves aprietos.
Para comprender aún mejor por qué nuestras sociedades están orientadas y regidas por valores poco sustentables, debemos comprender qué es la cultura de consumo. La cultura de consumo surgió luego de la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces se produjo un aumento de la cultura juvenil que se extendió por todo occidente en la década del 60. La misma se manifiesta y relaciona a través del consumo y de la producción industrial, su éxito continuado responde a la recepción de productos fabricados en masa.
En Venezuela es en el período del Dictador Marcos Pérez Jímenez (de 1953 a 1958) cuando por medio del llamado «Nuevo Ideal Nacional» —un programa de gobierno que a posteriori cambiaría el escenario venezolano—, se generó una verdadera transición de lo rural a lo urbano, por medio de grandes proyectos urbanísticos y de vialidad. Estos cambios generaron efectos en la sociedad venezolana, y el consumismo fue el resultado de la llegada al país de inmigrantes y de nuevas empresas provenientes de Europa y Estados Unidos con nuevos productos. Así se introdujo al venezolano a una nueva realidad, a una nueva dinámica social.
La cultura de consumo — también llamada cultura occidental— persigue la adquisición de productos que en la mayoría de los casos son nefastos a nivel ecológico, pero creados y orientados a generar deseos en las masas, que se terminan convirtiendo en necesidades que deben ser cubiertas, sin pensar en más nada que el mero placer egoísta de poseer. Cuando estamos en un centro comercial y vemos unos zapatos que nos gustan, en ese momento nos invade el deseo por tenerlos. Sólo pensamos en lo que pueden significar para nosotros y para los demás. En ningún momento pensamos en los efectos que pueden tener o pudo tener su producción sobre la naturaleza.
Sobre este tema Jean Baudrillar hace un análisis muy interesante en su libro «Crítica a la Economía Política de los Signos». Allí explica que el surgimiento de la sociedad de consumo y la dinámica de consumo está orientada a la adquisición de signos antes que de objetos. Esto significa, que consumimos objetos que nos sirven para establecer nuestro nivel socio-económico, nuestro estilo de vida. Baudrillar dice: «adquirimos signos que contribuyan a transmitir un mensaje social».
Dado que la cultura de consumo da mayor importancia a la interacción social que a la relación con la naturaleza, se requiere un cambio de paradigma socio-cultural. Es necesario forjar el cambio en las nuevas generaciones mediante la educación, pero también es necesario un cambio político y económico.
Los diseñadores solemos pensar que podemos generar productos que contribuyan a construir un nuevo paradigma, que podemos intentar disminuir el impacto negativo en el ambiente. Esta intención no es nueva, son ya bastante conocidas las innumerables propuestas de productos sostenibles. Sin embargo, además de las limitantes, pareciera haber mucha resistencia o simplemente desinterés por parte de la masa consumidora
Es indudable que los grandes problemas ecológicos que presenta nuestro mundo, están vinculados con nuestra propias costumbres sociales y culturales. Como parte de la sociedad podemos influir positivamente. La educación es uno de los factores determinantes en la generación de un nuevo paradigma. En el ámbito del diseño debemos aspirar al entendimiento por parte de cada diseñador de su responsabilidad social ante este tema.
El gran reto que se presenta a futuro, es entender que el desarrollo sustentable será producto de la evolución social y cultural que asumamos. ¿Estamos dispuestos a romper la relación que mantenemos con los objetos que usamos como signos identificadores, para empezar a vivir una era realmente ecológica, no solo desde el punto de vista de la relación hombre-medio ambiente, sino también en la relación hombre?

Por: Miguel Angel González



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